A ningún padre se le puede prohibir de mimar a sus hijos, pero a veces hay quienes se exceden. Las consecuencias de consentir a los niños puede repercutir de mala forma en su adultez.

Algunos especialistas describen a las próximas generaciones como “débiles”, ya que aquellos niños que ahora son mimados, cuando lleguen a ser adultos pueden tener ciertos inconvenientes.

Para aquellos pequeños que tienen la vida resulta, se cree que será más difícil responder ante las adversidades de la vida. Los problemas parecerán demasiado grandes para ellos y por lo tanto será mucho más difícil socializar con el resto de las personas que los rodean.

De acuerdo a la autora del libro “Hiperpaternidad”, Eva Millet, los niños no nacen mimados, sino que sus padres los sobreprotegen. Lo que conlleva a que éstos vivan a expensas de quienes los han ayudado a resolver todos sus problemas o que incluso no les han permitido reconocer “un problema”.

Millet opina que hace falta un poco de carácter para criar a los adultos del mañana. La escritora plantea que en este caso la educación tradicional tienen sus ventajas. Por ejemplo, algunos colegios británicos de la vieja escuela guardan la filosofía de que si un niño puede levantarse por sí solo, no puede esperar a que lo levanten. Es decir, que tomó la iniciativa de sobrellevar el problema por él mismo.

Por otra parte, está la obligación por parte de los padres de fomentar carácter en el niño mimado, ya que la mayoría de ellos son débiles e incapaces de resolver problemas rápidamente. Por lo general, son personas que no actúan ante los problemas, sino que se quejan y derrumban.

Sin embargo, otros expertos aclaran que mimarlos no significa que se les esté dejando indefensos ante el futuro, más bien se le está preparando para identificar con rapidez lo que no les gusta, no obstante , no deben olvidarse de enseñarles cómo actuar ante aquello que no les gusta.